NUNCA DEJES LA FÁBRICA

NUNCA DEJES LA FÁBRICA

Me encanta David Monteagudo. Me parece un escritor fabuloso, fresco y honesto. Lo conocí a raíz de leer su novela Fin, una historia a caballo entre la fantasía y el terror, llena siempre de intriga y que lleva al lector de sorpresa en sobresalto.

Aquí algo de lo mucho que se ha escrito de ella: Fin en Goodreads

El caso es que David Monteagudo trabajaba en una fábrica, de operario, en un trabajo que, por lo que describe en sus entrevistas debía de ser bastante alienante. El éxito de Fin, del que vendió varias decenas de miles de ejemplares, y que se llevó al cine (Fin en Filmaffinity), así como la publicación de varias otras obras, en las que he leído muchos de sus fascinantes cuentos, lo llevó a dejar su trabajo para consagrarse a la escritura. De hecho una de sus libros se titula Hoy he dejado la fábrica.

David Monteagudo ha ido saltando de una editorial a otra (Acantilado, Candaya, Rayo verde, Rata_), nunca ha llegado a repetir, ni de lejos, el éxito que tuvo con Fin y, hasta donde sé, lleva mucho tiempo sin publicar. Sin saber nada a ciencia cierta, se me ocurre que se habrá arrepentido de dejar la fábrica. Llegar cansado físicamente de doblar cartón pero mentalmente intacto para escribir puede que fuera su punto óptimo. Quizá dedicarse por entero a la escritura lo privó del desagradable pero útil estímulo de lo repetitivo, del deseo de huida, de no estar ahí, que es tan inspirador.

Los mejores trabajos de Einstein fueron producidos cuando era un funcionario gris en Berna. Luego, en Princeton, fue un investigador mediocre. Kafka hizo sus mejores trabajos siendo un abogado chupatintas que trataba de salir temprano para escribir hasta el anochecer.

Quizá lo mejor sea no dejar la fábrica, sino tratar de salir temprano de ella.