El diario ABC publicó Entre dos planetas en 1904 en una entrega por fascículos. Así coleccionaban ciencia ficción nuestros bisabuelos, hace ya más de un siglo.
Conocedor de mis intereses un poco estrafalarios por la ciencia ficción clásica, casi diríamos vetusta, Mariano Villarreal me sugirió en febrero de 2023 que echara un ojo a Entre dos planetas y, si se daba el caso, pensara en una reedición. No lo había leído. Recordé después que hacía unos años había leído algo sobre esa obra en un artículo de Agustín Jaureguízar, que busqué, encontré y disfruté (aquí está). Guiado por tan buenos prescriptores me entró un gran deseo de leerla. Esta novela del alemán Kurd Lasswitz tan sólo había conocido una tempranísima y meritoria edición en español, en 1904.
La novela había salido por entregas de cuatro páginas cada una, ya maquetadas para recortar, doblar y encuadernar, entre 1903 y 1904 en el diario ABC. Ilustro aquí un ejemplo de cómo funcionaba esta colección mediante una miniatura de una página de periódico, en concreto con la página 11 del ABC del 14 de julio de 1903. La mitad inferior de esta cara contiene las páginas 36 y 33 de la novela. La siguiente cara, la página 12, contiene las páginas 34 y 35. Al coleccionar los números, recortar y doblar iba formándose la novela. Algo incómodo quizá para seguir el serial número a número, pero idóneo para hacer la colección por fascículos.

En la hemeroteca digital de ABC se pueden encontrar bastantes números. Encontré lectura sin interrupción hasta el capítulo XVII, lo que fue más que suficiente para engancharme a Entre dos planetas. Luego quedé burlado por la web, pues al parecer ¡ay! la digitalización de ABC no está completa y quedan grandes lagunas. De hecho, lo siguiente que hallé tras la interrupción se correspondía ya con la parte final de la novela.
Así que, intrigado de verdad, me decidí a comprar el libro. No es fácil de encontrar, pero tampoco llega a ser una rareza. Varios ejemplares circulan entre aficionados y coleccionistas y muchos más han de estar durmiendo olvidados en bibliotecas particulares, pues al parecer bastante gente hizo la colección a primeros del siglo XX a base de recortes. Y, también, el diario ABC debió de usar periódicos devueltos para hacer una edición de tirada generosa que comercializó a partir de 1904. A esta categoría debe de de pertenecer mi ejemplar, pues sus hojas están bien guillotinadas, no cortadas a tijera.

Cuando hube acabado la novela, fascinado, sentí la imperiosa necesidad de editarla, que no es otra cosa que darla a conocer. Así que me puse a la tarea. De tener un buen conocimiento de alemán, o uno pasable al menos, quizá me hubiera decidido a traducirla desde cero, como he hecho con novelas antiguas en inglés. Pero no era el caso. Como no subsistían ya derechos de autor ni sobre el original ni sobre la traducción (Lasswitz murió en 1910 y la edición en español es de 1904), bien podía usar la edición existente para crear una nueva, es decir, para reeditarla.
Pero las cosas bien hechas no son sencillas y, además, poco bueno se hizo del copiar y pegar. Nada tengo en contra del facsímil, pero yo pretendía presentar un texto legible, pulido, sin errores y que enganchara al lector. La edición de 1904, aunque fascinante como objeto físico y una muestra admirable de temprana de ciencia ficción traducida al español, bien examinada adolece de varios defectos como texto editado. Por las diferencias de estilo se puede colegir que fueron al menos dos, quizá tres, los traductores que intervinieron, con lo que hay criterios de traducción que mutan entre capítulos, lo que molesta y confunde al lector. Al menos uno de los traductores era marcadamente leísta, aún más que un paisano de Burgos, lo que extraña a menudo durante la lectura. En algunas ocasiones (no tantas, pero llamativas) había errores evidentes para los que tuve de acudir sin remedio a la edición alemana, que también tengo, para poder desentrañarlos.
Y, además, y esto no es un defecto de la edición de 1904, no poca ortografía ha cambiado tanto desde entonces que podría hacerse incómoda a un lector de hoy o, incluso, podría hacerle pensar que yo soy un mal editor. Mayúsculas sin tilde, como indicaba la norma entonces; «á» por doquier y otras partículas acentuadas que nos impactarían ahora; pronombres elípticos que hoy confundirían, nombres propios traducidos (¿un alemán que se llama José?); uso muy diferente al actual de la puntuación, en particular en los guiones de diálogo; verbos que hoy rigen otras preposiciones… Un compendio de detalles que merecían ser puestos al día con el principal objetivo de hacer la lectura más agradable, más fluida. Una revisión letra a letra.
Pero… cuidado. La edición no debía perder su delicioso origen, sus aires casi decimonónicos, ese ritmo peculiar y las expresiones levemente trasnochadas. Así que, casi todo lo que no fuera un error manifiesto, una pérdida de criterio de traducción o una ortografía que hoy nos diera urticaria, se habría de conservar. En consecuencia, esta edición tiene casi las mismas palabras y estructura gramatical que leyeron nuestros bisabuelos. Es un edificio de 120 años de antigüedad, precioso y modernista, restaurado con respeto y al que se le ha añadido iluminación y fibra óptica.
Había algo más. Los últimos diez capítulos de la novela, el lector lo habrá notado, son más breves que el resto y su acción discurre algo atropelladamente. Además, están menos profusamente ilustrados. Sucede que mientras el original alemán tiene 60 capítulos, el traducido sólo 59. En particular falta el LIII de la edición alemana, que podría traducirse algo así como «Vacilaciones». Revisado, resultó que en la traducción al español de los capítulos finales se habían eliminado párrafos o abreviado algunos a un par de frases. Se conoce que el editor decidió recortar Entre dos planetas para terminar antes el folletín. ¿Por compromisos editoriales? ¿Cansado ya de los marcianos? ¿Para comenzar con otra novela por entregas que tuviera fecha comprometida de publicación? Quién lo sabe.
¿Qué hacer con esto? Consideré en traducir la parte final desde el original alemán. Pero sin duda, el resultado, aunque lo hubiera encargado profesionalmente, hubiera carecido, por moderno, del encanto de la cadencia y de las expresiones sublimemente anticuadas del resto del texto original. Así que lo dejé estar y esta edición mantiene los 59 capítulos de la edición de 1904.

¿Y qué hacer con el título? Auf zwei Planeten tiene aparentemente como mejor traducción«En (los) dos planetas» y no «Entre dos planetas». «Auf» viene a significar «en», pero también significa «acerca de» y parece tener una amplia gama de matices. Ante la misma dificultad, el editor en inglés decidió cortar por lo sano y titular la novela «Two planets». La expresión auf zwei Planeten, en toda la novela, sólo la menciona Ell en un pasaje cercano al final y la usa para resaltar lo profundamente dividido que tiene su corazón y su lealtad. Me vino a la cabeza que él, al no ser ni terrícola ni marciano, estaba «entre Pinto y Valdemoro». Alabando la sabiduría castiza y refranera del editor original, me convencí de que la mejor traducción posible para el título seguía siendo «Entre dos planetas» y que así debía quedarse.
Han sido todo decisiones que tomar; la conclusión, que es esta edición (me refiero a esta edición), es sólo el lugar al que he llegado cansado de pensar. Espero que la hayan disfrutado o, si han empezado el libro por el final, como hacen muchos, que lo disfruten a continuación.
