COGER LOS BAJOS / TALLAR EL PANTALÓN

COGER LOS BAJOS / TALLAR EL PANTALÓN

Hace unos años me compré un pantalón en un país de nuestra América, en concreto en Guatemala. Gris, muy mono, me hacía culito. Pero como es habitual en estos asuntos, las perneras eran demasiado largas y tendrían que ser recortadas para que cayeran bien sobre el tobillo. Desde luego, eso queda fuera de mis destrezas, como cualquier cosa que implique aguja, hilo e incluso tijeras.

Así que busqué una tienda de arreglos de ropa y la encontré en un comercial cercano. Entré muy decidido y le solté al primero que pasó con aspecto de dependiente: «hola, vengo a que me cojan los bajos». Yo soy español, del norte, y mi madre siempre me había cogido los bajos del pantalón sin poner caras extrañas. Pero el dependiente se me quedó mirando como si acabara de aterrizar directamente desde Saturno.

Intuyendo una barrera lingüística, tras unos titubeos abrí la bolsa, saqué un pantalón y mostré una pernera larguísima. La experiencia del vendedor hizo el resto y entendió en seguida cuál era el caso. «Ah», dijo, «usted quiere que le tallen el pantalón». Desde luego, eso quería.

En muchas partes de América «coger» significa lo mismo que en Argentina. No se coge (excepto cuando se coge), sino que se toma, se agarra o se usa el verbo que venga al caso con más precisión. Qué no decir de que me cojan los bajos.

Esta anécdota, verídica, me ha venido a la mente cuando reflexionaba acerca de los problemas de la traducción. Desde el momento en que un texto en español puede ser leído en cualquier parte de la hispanosfera merece la pena tardar un rato en escoger bien las palabras, de forma que el resultado se adapte a la mayoría de los lectores, allá donde estén. Los libros (o su plasmación digital), las revistas, las ideas, cualquier texto, viaja ahora mucho más rápido cruzando el Atlántico de lo que nunca antes lo hizo. Ese esfuerzo, que nos exige un uso más cuidadoso del lenguaje, es muy provechoso. «Tallar el pantalón», además de sonar mejor que «coger los bajos», es una expresión más económica, precisa y estética. 

Por cierto, lo hicieron bien, rápido y barato. Y yo lo había entendido. Al salir del comercial no fui a coger un taxi, sino a tomarlo.