SERVISS, HONESTO Y CON LEVITA

SERVISS, HONESTO Y CON LEVITA

Una breve biografía del divulgador y escritor estadounidense Garrett Putman Serviss (1851-1929) escrita por Rubene Guirauta.

No hay nada que perturbe tanto la mente como un cambio repentino en el aspecto de las cosas conocidas.

La muerte arrambla con todo y nos difumina hasta hacernos desaparecer. Tanto da quién o cuánto hayamos sido. Lo prueba que Garrett P. Serviss sea un autor tan olvidado. Serviss, entre cuyos escritos se encuentran las primeras novelas de ciencia ficción de la historia de la literatura, quien inventó la divulgación científica moderna, abanderándola por décadas.

¿Concebimos que dentro de veinte o treinta años ya apenas recordemos a Carl Sagan (1934-1996)? Pues, sin duda, ocurrirá, porque a G.P. Serviss (1851-1929) le ha ocurrido.

Serviss escribió el Cosmos y el Contacto de su época. Fue muy reconocido como escritor, divulgador y, también, como astrónomo y periodista. Sin embargo, es un autor muy olvidado en los países de habla inglesa y olvidado casi del todo en los países de habla hispana. Tanto que no fue traducido al español hasta 2021 (exceptuando una rara edición de 1914 de una novela sobre aviación).

Algo mayor que H.G. Wells y algo menor que Jules Verne (al que admiró profundamente), fue el primer escritor en introducir conceptos que luego se volverían o clásicos de la ciencia ficción o impactantes realidades como los rayos desintegradores, la extracción de energía del uranio, los trajes espaciales, los combates de astronaves, las Naciones Unidas, los metales exóticos, la minería de asteroides, las abducciones extraterrestres y las visitas de extraterrestres en la Antigüedad. Publicó, además de cientos de textos sobre astronomía y ciencia en general, cinco novelas de ciencia ficción: Edison conquista Marte, El metal de la Luna, Un pionero del espacio, El Segundo Diluvio y La Dama de la Luna. Fue, además, un entusiasta de la aviación antes de que ésta existiera, a cuyos primeros pasos pudo asistir conmovido, y a la que dedicó una sexta novela, Un pirata del aire.

Garrett Putman Serviss nace el 24 de marzo en 1851 en Sharon Springs, en el interior rural del estado de Nueva York, en el seno de una familia que remonta sus orígenes por los tempranos colonizadores de Nueva Inglaterra, al menos hasta 1690. Le ponen ese nombre en honor a su bisabuelo, el capitán Garrett Putman, veterano de la Guerra de Independencia estadounidense. Una familia muy yankee, lo que se imprimiría en su carácter.

Desde niño demuestra interés en la astronomía, un interés espoleado, al parecer, por un pequeño telescopio que le regala uno de sus hermanos mayores (otro ejemplo más de la gran importancia de sembrar de inquietudes las mentes de los niños). Queda fascinado al contemplar los satélites galileanos y lee sin parar sobre astronomía y, en general, sobre todo lo que le cae en las manos. Tras su educación primaria y secundaria en la escuela de Johnstown, asiste a la cercana  Universidad de Cornell (en Ithaca, Nueva York) desde otoño de 1868. Ése es el año inaugural de esa universidad, hoy muy prestigiosa y precisamente en la que un siglo después enseñaría Carl Sagan. Allí se gradúa en ciencias en 1872, como primero de su promoción. Participa, además, en numerosas actividades extraescolares, tan apreciadas en los Estados Unidos y tan poco en el mundo hispano. Destaca como miembro de la Sociedad de Literatura Adelphi. Esta asociación tiene como fines, además de leer y comentar literatura, desarrollar la capacidad de oratoria. Es una sociedad secreta, así que podemos imaginar al joven Serviss en una especie de versión decimonónica del Club de los Poetas Muertos en un enorme, rústico, novelesco y fabuloso campus de estilo victoriano.

Desde 1874 ya colabora como corresponsal para el New York Tribune. En 1876 comienza a trabajar formalmente en The Sun, un periódico que se editó entre 1833 y 1950 y es considerado uno de los grandes periódicos de Nueva York, junto al New York Times y el New York Herald Tribune. En The Sun desempeña diversos cargos de responsabilidad, llegando con el tiempo a editor de la edición vespertina, puesto en que permanece diez años. Pero en lo que más destaca es como escritor de las columnas sobre ciencia del periódico, en particular sobre astronomía, que se hacen célebres entre los lectores por su estilo claro y didáctico y por un enfoque nuevo sobre la divulgación que pronto imitan otros articulistas. También datan de esta época sus primeras conferencias sobre temas de actualidad de la ciencia, que empieza a dictar en Nueva York y alrededores.

En 1892 renuncia a su puesto en el periódico para poder dedicarse a la astronomía, la divulgación y para relanzar su carrera de conferenciante. Le anima mucho la oferta de Andrew Carnegie para protagonizar The Urania Lectures (Las Conferencias de Urania), oferta que acepta. Andrew Carnegie (1835-1919) es un excéntrico filántropo escocés vuelto millonario con la metalurgia y que parece surgido de una novela del siglo XIX. Serviss recorre Estados Unidos pronunciando conferencias apoyado con medios audiovisuales muy sofisticados para su época, como las linternas mágicas, aparatos eléctricos y mecánicos, decorados y todo lo que la tecnología del momento ofrecía, cubriendo los temas más variados, desde astronomía a geología. En particular protagoniza tres giras, cada una de casi un año de duración: «Un viaje a la Luna», «Del caos al ser humano» y «Maravillas de América». Renuncia, al parecer, por la fatiga y la complicación de viajar como un artista pop contemporáneo con una cantidad inmensa de decorados, atrezzo y maquinaria. Pero sigue siendo un conferenciante muy demandado y hace de ello casi una profesión. Gustan su cálida voz, el genuino entusiasmo por las materias que trata y su capacidad didáctica. «Hazte amigo —decía— de la Estrella Polar, Sirio, Arturo, Vega, Spica y Rigel y ellas estarán siempre contigo en tu deambular por el mundo. Nunca quedarás solo y sin amigos».

Ya en 1888 aparece su primer libro de divulgación, Astronomía con binoculares. Durante su carrera entremezcla ficción y no ficción, aunque la última predomina. Algunas de sus obras de divulgación más conocidas son, además de la mencionada: Los dominios del telescopio (1901), Otros mundos (1902), La Luna (1907), Astronomía con el ojo desnudo (1908), Curiosidades del espacio (1909), Siguiendo las estrellas por el año (1910), Astronomía en una cáscara de nuez (1912), Elocuencia (1912) (sobre cómo hablar en público). Además, es el editor jefe de la Biblioteca Popular de la Ciencia (16 volúmenes), publicada en 1915.

Sigue escribiendo y publicando hasta el final. De hecho, en 1923, ya pasada una edad habitual para jubilarse, escribe un libro divulgativo y el guion de un documental (mudo, claro, lo que da una capa adicional de dificultad a la tarea) de una materia nada sencilla, que demanda una profundidad mental y una apertura de ideas poco habitual entre gente de edad. Se titula La Teoría de la Relatividad de Einstein, y desarrolla para el público, de forma visual, tan novedoso y abstracto tema. Él cree, y quizá tiene razón, que la ciencia es algo al alcance de la mano de cualquiera. «El tan mencionado método científico —escribe Serviss, ya en su madurez— no es, después de todo, nada más que el método del sentido común, aplicado cuidadosa y sistemáticamente por mentes disciplinadas para ser eficientes».

Mientras tanto, entre libro y libro, nunca cesa de publicar artículos y columnas sobre ciencia en docenas de diferentes periódicos del país. Mantiene lo que se conoce como un acuerdo sindicado con King Features Syndicate, de forma que el mismo artículo se publica en muchos periódicos y momentos diferentes a lo largo del país, lo que lo hace enormemente popular. Así, incluso durante algunos meses tras su muerte, seguirán publicándose sus columnas y artículos. Escribe sobre todos los temas imaginables, científicos y sociales, con una amplitud de miras sorprendente. He conseguido tan solo una pequeña fracción de sus columnas, y en ellas trata temas tan variados como la estructura atómica, la población en el mundo, la dinámica solar y su influencia en nuestra vida, los insectos, el campo magnético, los cometas, las fosas oceánicas, el mito frente a la ciencia, el telescopio, los derechos de la mujer, el sonido, el sueño, las mujeres astrónomas, los dinosaurios, infraestructuras del agua, el automóvil, las pensiones de los políticos, un avión cruza por primera vez los Pirineos, el volapük, la Antártida, ¿cómo funcionan los ojos?, el arte rupestre, la telefonía móvil (¡en 1913!), cosmogonía, náutica, el cerebro, la gravitación, el caballo… Es un Isaac Asimov (1920-1992)… cincuenta años antes de Asimov.

Además de en periódicos, escribe en revistas, generales o especializadas en ciencia: The Cosmopolitan, Outlook, Popular Science Monthly, The Scientific American, Harper’s Weekly, The Chautaquan, Nature Magazine, The Mentor… También es asiduo de The Monthly Evening Sky Map, un almanaque astronómico editado por su amigo Leon Barritt (1852-1938).  Junto a él, también, inventa, patenta y comercializa el Barritt–Serviss Star and Planet Finder, un planisferio giratorio, hecho en cartón o madera, que permite localizar en cada época y hora, los principales astros, que se sigue vendiendo durante décadas (yo mismo, de niño, tuve uno). En total, acumula cincuenta años de apasionada divulgación científica. «El universo —dice— está para que todos lo veamos. No se necesitan observatorios, instrumentos ni matemáticas para que cualquiera disfrute del ennoblecedor y edificante placer que da la contemplación de las estrellas y constelaciones que pasan cada noche sobre nuestras cabezas. Sólo hace falta mirar.»

De su época en el Sun mantiene contacto con Edward Page Mitchell (1852-1927), pionero tanto en escribir ciencia ficción como en editarla, Él le anima a escribir, además de divulgación, también ficción. Serviss admira profundamente a Jules Verne, tanto que le acabaría dedicando Un pionero del espacio y, en El Segundo Diluvio, usaría su nombre para bautizar a un submarino. Sabe que no puede llegar tan lejos como el francés, pero, aun así, Serviss acepta el reto que le lanza Mitchell.

Sus obras de ficción se caracterizarían por una gran imaginación, la obsesión por la exploración del Sistema Solar y el constante intento de inducir el sentido de la maravilla en el lector. Todo dominado siempre por una base científica o por algún tipo de explicación lógica, aunque fuera traída por los pelos, en lo que recuerda al muy posterior Arthur C. Clarke (1917-2008). En uno de los obituarios escritos en las siguientes semanas a su muerte Clyde Fisher dice de él: «La imaginación inspiraba su escritura, aunque la gobernaba con el rigor. Amaba la belleza y la verdad, y las llevaba por bandera como el profesor nato que era». La verdad es que no le va mal. Según dice Everett F. Bleiler en Science Fiction: The early years, Serviss es lo más cercano a un escritor que viviera de la ciencia ficción que tuvo Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX.

En 1898 publica Edison conquista Marte (Edison’s Conquest of Mars), aventura claramente precursora del pulp y de la space opera, continuación (tal vez un poco oportunista, a qué negarlo), de la celebérrima novela de H.G. Wells La guerra de los mundos. En ella la Humanidad, tras sobrevivir por los pelos a la invasión marciana, temerosa de una segunda invasión, decide que la mejor defensa ha de ser un buen ataque. Las naciones unidas (décadas antes de que se concibiera la Sociedad de Naciones, por no hablar de la ONU) encargan a Edison la tarea. El inventor desarrolla naves espaciales, desintegradores, trajes espaciales y otra parafernalia nunca descrita hasta entonces en la literatura y encabeza el ataque. El autor aprovecha para pasearnos por la Luna, hacernos sentir el vértigo de un paseo espacial y describirnos la geografía de Marte (tal y como se conocía entonces, naturalmente). Traducida al español en 2021.

En 1900 publica El Metal de la Luna (The Moon metal), una novelette entretenida y especulativa construida sobre un dilema económico. El descubrimiento de enormes recursos de oro en la Antártida hace que el patrón oro se deprecie poniendo en peligro la economía mundial. El doctor Syx tiene una solución, pues posee una mina secreta de «artemisio», un metal precioso y escaso, que rápidamente reemplaza al oro en sus funciones como patrón monetario y de reserva internacional. Pero Syx no es trigo limpio y los protagonistas terminarán desenmascarándolo, exponiendo sus secretos. Esta historia se publica directamente en formato libro, lo cual era poco habitual entonces (yo soy, por cierto, el orgulloso propietario de un ejemplar de la tirada original). Traducida al español en 2021.

En 1909 publica Un pionero del espacio (A Columbus of Space). En él, mediante un cohete impulsado por la radioactividad del uranio (sí, cuatro décadas antes de que alguien pudiera ni imaginar usos pacíficos para la energía nuclear) un excéntrico, Edmund Stonewall, embauca a  cuatro compañeros en un viaje a Venus, donde encuentran civilizaciones extraterrestres, tanto en la supuesta cara oscura como en la iluminada (se cree aún en aquel tiempo que Venus muestra siempre la misma cara al Sol), lo que incluirá, también, una hermosa historia de amor extraterrestre. Inédita en español.

En el mismo año sale A sky pirate, que es la única obra de Serviss que se tradujo al español en el siglo XX, como Un pirata del aire, en la colección Alrededor del mundo, en 1914. Se trata de una novela especulativa de aviación, ambientada en el futuro… en 1936. Un moderno pirata aviador, el capitán Alfonso Payton, secuestra a la hija de un millonario.

En 1911 publica El Segundo Diluvio (The Second Deluge), en el cual un protagonista totalmente vernesiano, Cosmo Versál, astrónomo y emprendedor, predice correctamente que la Tierra atravesará en su órbita una enorme nebulosa compuesta por agua, lo que provocará sobre el planeta unas inundaciones tales que sumergirán los continentes. Cosmo Versál construye y equipa un Arca capaz de capear semejante temporal, rescatando los tesoros de la humanidad que puede reunir, embarcando animales como un Noé moderno e invitando al mundo incrédulo a unirse a él. Se espera su traducción al español en 2022.

En 1915 publica La Doncella de la Luna (The Moon Maiden), tal vez la más floja de sus obras. Smith, un astrónomo aficionado, encuentra pruebas de la que la Luna está habitada, pero no puede demostrarlo, ya que las lentes que ha diseñado se rompen cuando va a presentar su descubrimiento. Quizá para compensarle, una habitante de la Luna se le aparece y acaban viviendo una historia de amor ajetreada. Se desvela la forma en que los selenitas han influido durante milenios sobre la humanidad (lo cual recuerda al concepto de 2001 Una odisea en el espacio). Inédita en español.

Su vida personal es, sospecho, muy dura. En 1906 muere su primera esposa, Eleanore Betts. En 1907 muere su único hijo natural, a unos tempranísimos 26 años, poco tiempo después de haber sido medallista olímpico y de graduarse en la Universidad de Cornell. «To Garrett P. Serviss Junior, untimely dead at Ithaca, N.Y., 23rd December 1907» le dedica al año siguiente, austero, en Astronomía con el ojo desnudo. No es atípico. Hasta la aparición de los antibióticos la vida es terrible y muchos encuentran la muerte en sus mejores años. Casa en segundas nupcias con una viuda francesa, Henriette Gros Gatier y, así, le sobreviven por lo menos dos hijastros, aunque el desapego parece contribuir a que tras su muerte, en lugar de tener la Fundación con su nombre que hubiera merecido, vaya siendo olvidado. Estuvo establecido en Brooklyn, donde se desempeña también como jefe del departamento de astronomía del Brooklyn Institute y luego en Tenafly (Nueva Jersey), al borde de las Palisades, muy cerca de su querido Nueva York. A menudo veranea y pasa largas temporadas en Francia.

Siempre que puede, infatigable, viaja por América y por Europa. Recordemos que es una época en la que viajar es caro, complicado e incómodo, una época de barcos, ferrocarriles de vapor y coches de caballos. Disfruta de la naturaleza y, con fruición, de las antigüedades y ruinas de Europa, como todo buen yanqui que se precia. Pero le fascinan, lo que más, las montañas. Guarda una gran afición por el alpinismo, que apenas empieza a desarrollarse en aquella época. En sus escritos de astronomía habla fascinado de la bóveda celeste tal y como la ve desde la cima del Etna (3357m). En El metal de la Luna su alter ego escala el entonces inaccesible Grand Teton (4197m), montaña de belleza hipnótica, cercana a Yellowstone. En El Segundo Diluvio su personaje más querido pone el pie en el Everest (8848m), cincuenta años antes de que fuera conquistado en la vida real. Asciende en 1894, no con la pluma sino con cuerda y piolet, el hito del montañismo del momento, que era el Matterhorn o Cervino (4478 m). Una escalada durísima hoy y mortal entonces, inexpugnable hasta tan solo treinta años antes y en la que muchísimos dejan la vida. «Me han preguntado muchas veces —dice— si la vista desde la cima del Matterhorn le compensa a uno el esfuerzo de escalarlo. No, no lo hace. Algunos de mis amigos parecen creer que estoy pensando en instalar un observatorio en la cima de la montaña. Pero sería inútil, pues el tipo de atmósfera de los Alpes no es la que requiere un astrónomo. En todo caso nunca tuve un propósito. ¿No sabéis que hay muchas cosas que merecen hacerse sólo por hacerse?». Escribe artículos, reseñas y pequeñas guías sobre los Alpes, entre ellas una guía ilustrada de escalada del Mont Blanc.

Tiene ya una edad avanzada para la época: 78 años. No espera la muerte aún, acaso porque quienes siempre andamos en nuevos proyectos nunca la esperamos. En abril de 1929, pesaroso, escribe una carta al Club Amateur de Astronomía, del que es miembro honorario, lamentándose por tener que aplazar, por tajantes órdenes de su médico, una conferencia que iba a dictar. Insinúa futuras fechas para la charla… pero la muerte le espera en Isfahán. Muere el 25 de mayo de 1929 en el hospital Englewood (Nueva Jersey), por una meningitis sobrevenida tras una operación de mastoiditis.

Serviss es un autor casi totalmente desconocido para el lector en español, pues hasta 2021 no había sido traducido (excepción hecha de la meritoria traducción de su novela sobre aviación en 1914). Las escasas referencias que he encontrado escritas en español a la obra de G.P.Serviss, se deben al divulgador Manuel Rodríguez Yagüe y al escritor Sergio Mars.

No creo que exagere al situar a Garrett P. Serviss como un Carl Sagan de su tiempo o como un igual a otros pioneros de la ciencia ficción decimonónica: Jules Verne, H.G. Wells, Camille Flammarion, Edward Page Mitchell, Mary Shelley y otros de los que, seguro, me olvido, igual que otros se olvidaron de Serviss. Pero lo cierto es que, sea un grande o un no tan grande, ha sido injustamente olvidado y el hecho de que su obra casi no se haya traducido al español, ni por curiosidad ni por completitud, lo ilustra muy bien.

Personalmente me he propuesto dar a conocer a Garrett P. Serviss al lector en español. ¿Por qué? Porque es un autor notable, honesto, pionero, hard, vestido con levita e injustamente olvidado. Una tarea complicada. Serviss queda muy lejos de las corrientes actuales de la ciencia ficción (recuerden, Serviss es honesto y con levita).

En todo caso, y esto creo que habla bien de mi juicio, no me quedo yo solo entre sus admiradores, pues tuvo partidarios encendidos. El mismo H.P. Lovecraft, hoy tan merecidamente de moda y firmemente reivindicado, dijo sobre él en 1914: «He leído todos los trabajos publicados por Garrett P. Serviss, poseo la mayor parte de ellos y espero sus futuros escritos con impaciencia». Eso sí que es un halago. Y no halaga quien quiere, halaga quien puede.

La humanidad ha probado dos caminos hacia la paz -el camino poco fiable de la política y el camino del fanatismo religioso- y los ha encontrado igualmente equivocados. Quizá ahora pruebe el tercero, el camino de la verdad científica, el único camino en el que no se engaña al pasajero. La ciencia no esconde la cabeza ante los peligros y las dificultades, intenta verlo todo exactamente como es.


Este artículo se publicó en el número 6 de la revista Mordedor. Aquí dejo el artículo en formato PDF: